Scientia International Journal for Human Sciences 5 of 11
Engels (2008, p. 69), se libra una "guerra social" en que "las armas de combate son el capital, la propiedad
directa o indirecta de los medios de subsistencia y de los medios de producción". La carga de esta situación
recaía sobre los trabajadores. El desempleo era una condición permanente entre las poblaciones pobres, pues,
"si tiene la suerte de encontrar trabajo, esto es, si la burguesía le hace el favor de enriquecerse a su costa, le
espera un salario apenas suficiente para mantenerlo vivo" (Engels, 2008, p. 69). En una situación de mayor
desesperación, "si no encuentra trabajo y no teme a la policía, puede robar; puede aún morir de hambre, en
cuyo caso la policía cuidará de que la muerte sea silenciosa para no chocar a la burguesía" (Engels, 2008, p.
69).
En estas grandes ciudades podían encontrarse "barrios de mala fama", donde estaban concentrados
los trabajadores. De forma general, se designaba para los trabajadores "un área aparte, en la cual, lejos de la
mirada de las clases más afortunadas, debe arreglárselas, bien o mal, solo" (Engels, 2008, p. 70). Estos barrios
tenían "las peores casas en la parte más fea de la ciudad; casi siempre, una larga fila de construcciones de
ladrillos, de uno o dos pisos, eventualmente con sótanos habitados y en general dispuestas de manera
irregular" (Engels, 2008, p. 70). En estos barrios "las calles no son planas ni empedradas, son sucias, tomadas
por detritos vegetales y animales, sin alcantarillado o canales de desagüe, llenas de charcos estancados y
fétidos" (Engels, 2008, p. 70). En el libro se describe con detalles bastante vívidos la situación vivenciada
por los trabajadores.
Engels apunta en su obra algunos casos noticiados por la prensa que describen situaciones bastante
dramáticas vividas por las personas que moran en estas áreas. Uno de estos casos trata de dos niños que
"hambrientos, habían robado en una tienda un pedazo de carne bovina medio cocida, que devoraron
inmediatamente" (Engels, 2008, p. 74). El juez, recogiendo más información sobre el caso, descubrió que,
"viuda de un antiguo soldado, que después sirvió a la policía, la madre de los niños, tras la muerte del marido,
vivía en la miseria con los dos hijos" (Engels, 2008, p. 74). Se describe entonces la situación de una familia,
constituida por seis niños, que vive "literalmente amontonada" en un cuarto minúsculo, sin muebles, y con
poco que comer. Conforme describe Engels (2008, p. 74), "la pobre madre contó que, en el año anterior,
vendió la cama para comprar comida; las sábanas, las dejó empeñadas en la mercería —en suma entregó todo
a cambio de pan".
Estas son tan solo situaciones ilustrativas, habiendo algunos trabajadores en situaciones un poco
mejores, así como otros en situaciones aún peores. Había, por ejemplo, en Londres, cerca de 50 mil personas
que no tenían dónde morar. Los alojamientos pagados estaban, según Engels (2008, p. 75), "llenos de cama,
de alto a bajo: en un cuarto, cuatro, cinco y seis personas, cuantas quepan y, en cada cama, se apilan cuatro,
cinco o seis personas, también cuantas quepan —sanos o enfermos, viejos y jóvenes, hombres y mujeres,