Scientia International Journal for Social Sciences 9 of 12
objetivos del Encuentro está “... la elaboración de propuestas políticas que hagan avanzar la organización de las mujeres
negras, colocando ante el mundo la existencia del Movimento de Mulheres Negras en Brasil de forma unitaria y con
diferentes vertientes políticas”. Y también, por creer en esto, estaremos el día 2 de diciembre en el Encuentro Nacional,
en algún lugar de Río de Janeiro. (Nzinga, 1988: 2)
El editorial del I Encontro Nacional de Mulheres Negras, publicado en la revista Nzinga, es en sí mismo
un ejemplo concreto de producción de saberes situada. Al afirmar que el encuentro tendría una función
ideológica antes que política, las mujeres negras estaban formulando una teoría propia sobre lo que significa
transformación social, una teoría que no parte de categorías académicas, sino de las experiencias de quienes
viven la opresión cotidianamente. Del mismo modo, los boletines y redes de comunicación del MMN
funcionaron como instrumentos de sistematización y circulación de saberes colectivos, creando una memoria
política propia que desafiaba el borramiento histórico de las mujeres negras. Estos documentos no son solo
fuentes históricas: son, ellos mismos, productos de una epistemología en construcción.
El contexto histórico en medio de la Década de la Mujer de las Naciones Unidas (1975 a 1985) se situaba
entre la Dictadura y la constitución del MNU, junto con el proceso de redemocratización y el centenario de
la Abolición. En esos diez años también ocurrió la estructuración del colectivo de mujeres negras, que
impulsaron y accionaron mecanismos que contribuyeron al I Encontro Nacional de Mulheres Negras en
Valença en 1988.
Entre las mujeres negras de varios segmentos ya existía una enorme voluntad de realizar el I Encontro
Nacional de Mulheres Negras de Valença de 1988 como un encuentro que atendiera las necesidades y
reivindicaciones de las mujeres negras. Por esta razón, se creó una comisión para asistir al evento en
Garanhuns (PE). La comisión fue formada por Sandra Bello, Antônia Inês Nolasco, Regina Café, Joana
Angélica y Joselina Silva (SILVA, 2014). La comisión sirvió para articular el evento, con foco en el I
Encontro Nacional de Mulheres Negras, pues el lugar también serviría para crear redes con otras mujeres de
distintas regiones de Brasil. Si el III Encuentro Feminista Latinoamericano y Caribeño de Bertioga 1985 (SP)
ya causó extrañamiento al no incluir en las pautas las demandas de las mujeres negras, dos años después, en
1987, en el IX Encuentro Nacional Feminista en Garanhuns (PE), no sería diferente: seguía pendiente no
abordar las cuestiones de raza y racismo en la pauta principal.
La autonomía, en el contexto del MMN, no se presenta como un punto de partida abstracto, sino como una
praxis colectiva, situada y relacional. Se trata de una construcción histórica que emerge de las experiencias
vividas de enfrentamiento al racismo, al sexismo y a la marginación epistémica. Esta autonomía insurgente,
como propone Ochy Curiel, rompe con los marcos coloniales y patriarcales que negaron a las mujeres negras
el derecho a la autodeterminación, afirmando modos propios de existir, resistir y producir sentidos.
En el MMN, la autonomía se manifiesta en prácticas concretas de organización, cuidado, denuncia y
elaboración política. A través de marchas, encuentros, redes de apoyo y producción de narrativas, las mujeres
negras construyen espacios de escucha, acción y saberes que desafían las estructuras hegemónicas. Esta
praxis no se limita a la reivindicación de derechos, sino que involucra la creación de epistemologías
encarnadas, arraigadas en las experiencias corporales, afectivas y territoriales de las participantes.
Así, la autonomía se convierte en un eje articulador entre acción política y producción de conocimiento.
Al afirmar saberes situados y colectivos, el MMN tensiona los regímenes de verdad dominantes y propone
una ética del cuidado y de la resistencia. Esta construcción epistémica no solo denuncia las violencias
estructurales, sino que también ofrece alternativas de mundo, contribuyendo a la justicia social y epistémica
desde una perspectiva interseccional y decolonial.
El MMN se constituye como sujeto político al disputar espacios de poder y formular una agenda propia
frente a las estructuras hegemónicas. Simultáneamente, se configura como sujeto epistémico al producir
saberes que parten de las experiencias vividas de las mujeres negras, tensionando los regímenes de verdad
dominantes y proponiendo epistemologías enraizadas en la ancestralidad, el cuerpo y la resistencia colectiva.