https://journals.scientia.international/SIJSocial
Scientia International Journal for
Social Sciences
Vol. 1, 1 (2026)
Tipo: [Articulo de Investigación] | DOI: 10.56365/gta2p837
3127-2894 © 2026 Los autores. Publicado por Scientia.International S.L. (España).
Artículo de acceso abierto bajo la licencia CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0).
Medios, plataformas y producción cultural en Brasil: mediaciones,
disputas de visibilidad y políticas públicas
Juliana Porto Machado1*, Bruno Alves Marcelino2, Rodrigo da Costa Segovia3
1Centro Latinoamericano de Estudios en Cultura - CLAEC, Brasil; https://orcid.org/0000-0001-8029-5408
2Centro Latinoamericano de Estudios en Cultura - CLAEC, Brasil; https://orcid.org/0000-0002-0638-7889
3Centro Latinoamericano de Estudios en Cultura - CLAEC, Brasil; https://orcid.org/0000-0001-8447-3072
* Autor de correspondencia: juliana.machado@claec.org.
Resumen
Este artículo analiza las relaciones entre medios y producción cultural en Brasil a partir del tránsito de los medios masivos al
ecosistema de las plataformas digitales. De naturaleza teórico-interpretativa, la investigación articula revisión bibliográfica, análisis
documental y un estado del conocimiento sobre comunicación, cultura, políticas culturales, economía creativa, estudios de
plataformas e inteligencia artificial. Se sostiene que los medios no actúan solo como canales de difusión: organizan regímenes de
visibilidad, establecen jerarquías simbólicas, condicionan mercados culturales, producen memoria pública e inciden en la
formación de identidades. El texto examina la industria cultural, los procesos de mediación, la economía creativa, la cultura de la
conexión, la plataformización, la circulación algorítmica y los desafíos de las políticas culturales frente a la concentración
económica, la desinformación, la captura de datos y las asimetrías territoriales. También utiliza datos de TIC Domicilios 2024 para
situar empíricamente prácticas recientes de consumo mediático en línea en Brasil. Se concluye que la democratización de la
producción cultural depende de la articulación entre fomento, regulación, alfabetización mediática, preservación digital, datos
públicos y fortalecimiento de las capacidades locales de creación, circulación y memoria. Como contribución teórico-práctica, el
artículo sistematiza una agenda de intervención para las políticas culturales en entornos digitales.
Palabras clave: medios; producción cultural; políticas culturales; plataformas digitales; diversidad cultural.
Detalles del artículo | Evaluación por pares abierta
Editado por:
Bruno César Alves Marcelino
Evaluado por:
Ewerton da Silva Ferreira
Fábio do Vale
Citación:
Machado, J. P., Marcelino, B. A., & Segovia, R. da C. (2026). Medios, plataformas y producción
cultural en Brasil: mediaciones, disputas de visibilidad y políticas públicas. Scientia International
Journal for Social Sciences, 1(1), Artículo ID. https://doi.org/10.56365/gta2p837
Historial del artículo
Recibido: 15/07/2026
Revisado: 16/07/2026
Aceptado: 19/07/2026
Disponible: 29/07/2026
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1. Introducción
La relación entre medios y producción cultural en Brasil requiere un enfoque capaz de articular la economía
política de la comunicación, los estudios culturales, las políticas públicas, la historia de los medios y las
transformaciones técnicas recientes. La producción cultural no se restringe a la creación de obras, eventos o
repertorios artísticos. Comprende cadenas de mediación, instituciones, tecnologías, mercados, territorios,
políticas de fomento y públicos que participan en la circulación de los sentidos sociales.
En el contexto brasileño, este debate adquiere contornos propios. La concentración histórica de la
propiedad mediática, la distribución desigual de equipamientos culturales, las asimetrías regionales y la
rápida expansión de las plataformas digitales configuran un campo cultural marcado por tensiones entre
diversidad y estandarización, autonomía creativa y dependencia del mercado, circulación ampliada e
invisibilización de prácticas locales. La misma infraestructura que permite difundir obras y repertorios antes
restringidos a circuitos territoriales somete a creadores y comunidades a regímenes poco transparentes de
curaduría, jerarquización, monetización y recopilación de datos.
El problema que orienta este artículo puede formularse en los siguientes términos: ¿de qué modo las
transformaciones mediáticas, desde la comunicación de masas hasta las plataformas digitales, inciden en la
producción cultural brasileña y en las políticas públicas orientadas a la preservación, la circulación y la
democratización de la cultura? La pregunta desplaza el análisis de los medios como simples vehículos hacia
los medios como estructura de mediación social, económica y simbólica. Interesa comprender cómo
seleccionan, jerarquizan y hacen reconocibles determinados repertorios, al mismo tiempo que condicionan
formas de creación, consumo, memoria y pertenencia.
El objetivo general es analizar las relaciones entre medios y producción cultural en Brasil,
considerando los procesos de plataformización, las disputas de visibilidad y los desafíos planteados a las
políticas culturales. Como objetivos específicos, se busca discutir los desplazamientos teóricos entre industria
cultural, cultura de masas, culturas locales y economía creativa; organizar un estado del conocimiento sobre
medios, plataformas y producción cultural; examinar la relación entre identidades territoriales y mediaciones
comunicacionales; e indicar caminos para políticas públicas capaces de enfrentar la concentración, la
desinformación y las desigualdades de acceso.
Con este encuadre, el artículo se configura como un estado del conocimiento de orientación
interpretativa. La identidad gaucha se moviliza como clave analítica situada para examinar, a escala
territorial, cómo los repertorios culturales son mediados, valorizados, estandarizados y reorganizados en
entornos mediáticos y digitales.
La pertinencia de la discusión deriva del contexto contemporáneo. La expansión de los servicios de
streaming, las redes sociales, la inteligencia artificial generativa, los sistemas de recomendación y los
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mercados digitales ha modificado las condiciones de circulación cultural. La UNESCO (2026) señala que la
transformación digital amplió herramientas, mercados y audiencias, pero no garantizó ingresos estables para
la mayoría de los creadores e intensificó las asimetrías entre países, sectores y agentes culturales. De manera
complementaria, la UNESCO (2025b) advierte sobre la presencia todavía insuficiente de la cultura en las
agendas globales de desarrollo sostenible. Estas constataciones refuerzan la necesidad de pensar los medios
y la producción cultural como un campo de disputa pública y no como un dominio exclusivamente técnico o
mercantil.
2. Metodología
La investigación adopta un enfoque cualitativo, de carácter bibliográfico, documental e interpretativo. El
corpus se organizó a partir de tres conjuntos de materiales. El primero reúne literatura clásica y
contemporánea sobre medios, comunicación, cultura, industria cultural y mediaciones. El segundo
comprende estudios sobre producción cultural, economía creativa, políticas culturales, historia de los medios
y campo cultural. El tercero incorpora documentos normativos, informes institucionales y datos públicos
publicados hasta 2026, especialmente los relacionados con la cultura digital, la inteligencia artificial, el
Sistema Nacional de Cultura, la Ley Paulo Gustavo, la Política Nacional Aldir Blanc y el Marco Regulatorio
del Fomento a la Cultura.
La constitución del corpus siguió una selección intencional y progresiva, sin pretensión de realizar
una revisión sistemática. El recorte bibliográfico abarca obras publicadas entre 1969 y 2025, localizadas en
catálogos bibliográficos, repositorios académicos y referencias consolidadas del campo. El corpus
documental reúne legislación, informes y bases públicas disponibles hasta 2026, consultados en portales
oficiales, entre ellos los de la Presidencia de la República, el Ministerio de Cultura, la UNESCO y
NIC.br/Cetic.br. La búsqueda y la lectura exploratoria se orientaron por combinaciones de los términos
medios, mediación cultural, industria cultural, cultura de masas, producción cultural, economía creativa,
plataformas digitales, plataformización, algoritmos, inteligencia artificial, políticas culturales, diversidad y
territorio.
Se movilizaron autores que permiten discutir la mediación cultural desde una perspectiva crítica,
como Adorno y Horkheimer, Morin, Hall, Martín-Barbero, García Canclini, Castells, Kellner, Santos,
Silverstone, Setton y Guareschi. Estos referentes contribuyen a comprender los medios como instancia de
producción de sentido, formación de públicos, organización de imaginarios y disputa ideológica. Para
analizar la producción cultural como campo de trabajo, gestión y política, se recurrió a Rubim, Poli y Silva
Junior. La discusión sobre plataformización, datos, algoritmos e inteligencia artificial incorporó a Srnicek,
Van Dijck, Poell, De Waal, Couldry, Mejias, Nieborg y Duffy, además de informes recientes de la UNESCO.
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Los criterios de selección se operacionalizaron mediante la correspondencia directa de cada material
con al menos una de las categorías analíticas, asociada con la identificación de autoría, la consistencia teórico-
metodológica y la capacidad de diálogo con los contextos brasileño y latinoamericano. Se excluyeron fuentes
de opinión sin base analítica, materiales sin autoría identificable y contenidos de divulgación sin aporte
conceptual o documental para la investigación. La lectura se condujo mediante las siguientes categorías:
mediación, industria cultural, cultura de masas, cultura local, campo de la producción cultural, economía
creativa, plataformización, visibilidad, regulación, políticas culturales y diversidad.
El procedimiento analítico consistió en lectura temática, comparación entre matrices teóricas y
reconstrucción crítica de los principales desplazamientos del debate. No se trata de un relevamiento
bibliométrico exhaustivo, sino de un estado del conocimiento de orientación interpretativa. La propuesta es
reunir aportes para comprender cómo actúan los medios en la producción cultural y cómo pueden responder
las políticas públicas a los cambios introducidos por las plataformas digitales y la inteligencia artificial. El
artículo utiliza además el ejemplo de la identidad gaucha como clave analítica situada, porque permite
observar relaciones entre medios regionales, memoria, tradición, mercado y territorialidad.
3. Estado del conocimiento: medios, cultura y producción cultural
El estado del conocimiento sobre medios y producción cultural puede organizarse en cinco movimientos. El
primero es la crítica de la industria cultural asociada a la Escuela de Frankfurt, que interpretó la conversión
de la cultura en mercancía como parte de la racionalidad capitalista. Adorno y Horkheimer (1985) observaron
que la estandarización de los bienes simbólicos tiende a reducir la experiencia estética a un consumo
repetitivo, configurando modos de percepción compatibles con la reproducción social. Aunque esta lectura
presenta límites, continúa siendo útil para analizar la concentración, la serialización, la estandarización de
formatos y la subordinación de la creación a criterios de rentabilidad.
El segundo movimiento desplaza el análisis hacia la cultura de masas y los procesos de mediación.
Morin (1969) mostró que la cultura de masas también crea repertorios compartidos, mitologías modernas y
formas de identificación colectiva. Hall (2003), al proponer el modelo de codificación/decodificación,
demostró que la recepción no reproduce automáticamente los sentidos codificados por los emisores, pues los
públicos realizan lecturas negociadas o de oposición a partir de sus repertorios sociales y culturales. Martín-
Barbero (2003), al proponer el paso de los medios a las mediaciones, retiró al público de la posición de
receptor pasivo y volvió a situar la vida cotidiana, las matrices populares y las prácticas de recepción en el
centro del análisis. García Canclini (1997) añadió que América Latina está marcada por mezclas,
apropiaciones y reconfiguraciones entre tradición, modernidad, consumo y prácticas populares.
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El tercer movimiento se concentra en los medios como instancia de construcción de realidad y disputa
pública. Kellner (2001) sostiene que la cultura mediática se convirtió en una de las principales instancias de
socialización de las sociedades contemporáneas, al difundir imágenes, sonidos y espectáculos que modelan
identidades y concepciones del mundo y funcionan como arena de disputa entre grupos sociales con intereses
diferentes. Guareschi (2008) y Setton (2010) analizan los medios como matriz socializadora, capaz de ordenar
temas, lenguajes, comportamientos y repertorios culturales. Silverstone (2005), a su vez, comprende los
medios como parte de la vida cotidiana, articulados con la experiencia moral, política y afectiva de los sujetos.
La contribución de Vasconcelos (2021), al examinar medios, conservadurismo y desinformación, refuerza
que los medios de comunicación participan en la formación de ambientes políticos y culturales, produciendo
encuadres que legitiman o deslegitiman actores, agendas y visiones del mundo.
El cuarto movimiento se refiere a la organización de la producción cultural como campo de trabajo,
gestión y política. La obra colectiva organizada por Linda Rubim (2005) contribuye a pensar la producción
cultural como una práctica que articula creación, planificación, difusión, gestión, financiación y mediación
entre artistas, instituciones y públicos. Poli (2021), al retomar la teoría de los campos de Bourdieu (1996),
propone comprender el campo de la producción cultural y creativa como un espacio de relaciones, capitales,
jerarquías y disputas. Esta lectura permite observar que la producción cultural opera entre lógicas simbólicas
y económicas, en tensión permanente entre autonomía, reconocimiento, mercado y políticas públicas.
El quinto movimiento acompaña la incorporación de la economía creativa, las plataformas digitales
y la inteligencia artificial al vocabulario de las políticas culturales. Castells (1999), al analizar la sociedad
red, ya identificaba la creciente centralidad de la información, el conocimiento y las redes digitales en la
organización de la producción, el poder y la experiencia cultural. Silva Junior (2021) muestra que los
conceptos de industrias culturales, industrias creativas y economía creativa reorganizan los vínculos entre
cultura, desarrollo y mercado, especialmente en el Mercosur. Este vocabulario amplió la presencia de la
cultura en las agendas de desarrollo, innovación, turismo e integración regional, pero también generó el riesgo
de reducir la cultura al desempeño económico, dejando en segundo plano sus dimensiones identitarias,
estéticas, históricas y ciudadanas.
La producción reciente indica que los medios y la cultura deben analizarse desde una perspectiva
conectada. Barbosa y Gutiérrez (2022) defienden que la historia de los medios en América Latina sea pensada
mediante conexiones, tránsitos y territorialidades culturales, evitando lecturas aisladas por país, medio o
tecnología. Esta propuesta resulta productiva para comprender el escenario actual, en el cual la circulación
cultural ocurre entre televisión, radio, plataformas, redes sociales, festivales, convocatorias, mercados
digitales y políticas públicas transnacionales. El desafío analítico consiste en observar las conexiones sin
borrar las desigualdades de poder.
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Tabla 1 - Síntesis de los movimientos teóricos movilizados en el estado del conocimiento
Movimiento analítico
Contribución al artículo
Autores de referencia
Industria cultural
Problematiza la mercantilización, la estandarización y la
concentración de los bienes simbólicos.
Adorno; Horkheimer
Mediaciones culturales
Vuelve a situar públicos, vida cotidiana, recepción e
hibridaciones en el centro del análisis.
Hall; Martín-Barbero; García
Canclini
Medios y disputa pública
Analiza encuadres, producción de realidad, socialización y
desinformación.
Kellner; Guareschi; Setton;
Silverstone; Vasconcelos
Campo de la producción
cultural
Interpreta creación, gestión, capitales, jerarquías y trabajo
cultural.
Bourdieu; Rubim; Poli; Silva
Junior
Plataformas y datos
Actualiza el debate sobre algoritmos, infraestructura
digital, IA y circulación cultural.
Srnicek; Van Dijck; Poell;
Couldry; Mejias; UNESCO
4. Medios, cultura y producción simbólica
Definir los medios únicamente como un conjunto de medios técnicos e institucionales responsables de la
producción y difusión de mensajes a gran escala sería insuficiente para este artículo. Los medios participan
en la producción cultural porque seleccionan repertorios, asignan visibilidad, organizan formas de
reconocimiento y crean condiciones de circulación. Los periódicos, la radio, la televisión, el cine, las
plataformas digitales y las redes sociales no transportan contenidos ya constituidos de manera neutral.
Participan en la propia constitución de los contenidos, pues condicionan formatos, duraciones, lenguajes,
modos de presentación, métricas de éxito y posibilidades de remuneración.
El paso de los medios de comunicación de masas al entorno digital no eliminó los problemas clásicos
de concentración, estandarización y mercantilización. Parte de estas cuestiones se desplazó hacia nuevas
infraestructuras privadas de circulación simbólica. Las plataformas digitales prometen apertura, participación
y acceso, pero operan mediante algoritmos, contratos, sistemas de recomendación, recopilación de datos y
reglas de monetización. El resultado es ambivalente: los creadores locales pueden alcanzar públicos más
amplios, mientras su visibilidad pasa a depender de sistemas técnicos opacos y criterios comerciales
cambiantes.
Esta ambivalencia exige superar dos reduccionismos. El primero consiste en tratar los medios como
manipulación absoluta, sin reconocer las apropiaciones, resistencias y usos creativos por parte de los sujetos
y grupos sociales. El segundo consiste en tratar las tecnologías digitales como entornos naturalmente
democráticos, ignorando las asimetrías de infraestructura, alfabetización, ingresos, territorio, raza, género y
clase. La producción cultural brasileña se desarrolla en este intervalo: crea, negocia, resiste, se adapta y
disputa reconocimiento en condiciones desiguales.
En el plano simbólico, los medios operan como sistema de legitimación. Algunas prácticas culturales
adquieren el estatuto de patrimonio, espectáculo, tendencia o producto exportable, mientras otras permanecen
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clasificadas como locales, periféricas, aficionadas o poco rentables. Estas clasificaciones no son neutrales.
Inciden en convocatorias, patrocinios, cobertura periodística, formación de públicos y memoria social. En un
país de amplia diversidad cultural, la disputa por visibilidad es también una disputa por el derecho a la
presencia pública.
Las tecnologías digitales intensifican este proceso. Jenkins, Ford y Green (2014) describen el
fenómeno mediante la noción de cultura de la conexión, según la cual el valor de un contenido depende de
su capacidad de circulación, comentario, apropiación y recreación por parte de los públicos. Las redes
sociales y los servicios de video valoran la frecuencia, el atractivo visual, la adaptación rápida y la
participación. Esto puede favorecer lenguajes populares, musicales, meméticos y performativos, pero
también presiona a los agentes culturales para adecuar sus creaciones a formatos breves, repetibles y
cuantificables. La lógica de las métricas pasa a integrar el proceso creativo.
5. Producción cultural, economía creativa y disputas de campo
La producción cultural puede comprenderse como un campo de relaciones en el que diferentes agentes
disputan recursos materiales y simbólicos. Artistas, productores, gestores, técnicos, comunicadores,
curadores, patrocinadores, plataformas, organismos públicos y públicos ocupan posiciones distintas. Cada
posición dispone de capitales específicos: económico, cultural, social, simbólico, técnico y territorial. Esta
estructura ayuda a explicar por qué algunos grupos logran acceder a recursos, circular en festivales, obtener
cobertura mediática y alcanzar mercados, mientras otros permanecen restringidos a circuitos locales o
informales.
La lectura de Bourdieu (1996), retomada por Poli (2021), evidencia que el campo cultural no se
organiza únicamente por la calidad estética de las obras, sino por relaciones de fuerza, reglas de legitimación
y disputas por la autoridad. La incorporación de la economía creativa amplía este marco. Al reunir artes,
industrias culturales, diseño, moda, gastronomía, audiovisual, juegos, publicidad, software e innovación, el
campo incluye agentes con escalas económicas muy diferentes. Esta ampliación puede generar oportunidades
de reconocimiento y financiación, aunque también desplaza la política cultural hacia el lenguaje del
emprendimiento, la innovación y la competitividad.
En Brasil, esta tensión aparece con especial intensidad. La Constitución Federal reconoce la cultura
como un derecho y atribuye al Estado el deber de asegurar las condiciones para su ejercicio (Brasil, 1988),
pero, en la práctica, la sostenibilidad de la producción cultural suele evaluarse en términos de mercado.
Convocatorias, patrocinios, premios, leyes de incentivo, plataformas digitales y economías de audiencia
conviven con prácticas comunitarias, colectivos informales, culturas populares y memorias territoriales que
no siempre se ajustan a modelos empresariales. La pregunta que se impone es: ¿qué formas de producción
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cultural son reconocidas como legítimas cuando el vocabulario dominante pasa a ser el de la creatividad
económica?
Silva Junior (2021) contribuye a esta discusión al analizar cultura, creatividad y desarrollo en el
Mercosur. El autor muestra que los pequeños y medianos productores culturales enfrentan obstáculos para la
internacionalización, la circulación y la inserción en mercados ampliados, aunque las iniciativas regionales
hayan creado espacios de encuentro. El análisis indica que el discurso de la creatividad y el desarrollo debe
confrontarse con las condiciones concretas del trabajo cultural: informalidad, inestabilidad, acceso desigual
a la financiación, baja capacidad de distribución y asimetrías entre países y regiones.
Así, la producción cultural contemporánea se sitúa entre dos lógicas. Por una parte, existe el deseo de
ampliar públicos, acceder a mercados, profesionalizar cadenas productivas y crear sostenibilidad económica.
Por otra, se plantea la necesidad de preservar la autonomía simbólica, la diversidad de repertorios, las
prácticas comunitarias, la memoria local y los derechos culturales. Una política pública democrática debe
reconocer esta dualidad, sin reducir el campo cultural al retorno financiero ni romantizar la precariedad como
rasgo natural de la creación.
6. Plataformización, algoritmos y nuevas condiciones de visibilidad
La plataformización se ha convertido en una de las transformaciones más relevantes para la producción
cultural del siglo XXI. Srnicek (2017) describe las plataformas como infraestructuras digitales situadas entre
diferentes grupos de usuarios, que extraen, procesan y monetizan los datos generados por las interacciones
que organizan. Van Dijck, Poell y De Waal (2018) amplían esta lectura al proponer la noción de sociedad
plataformizada, en la cual la lógica de los datos, la conectividad y la valorización de mercado de las grandes
plataformas privadas penetra en ámbitos antes regulados por otras racionalidades, como la salud, la
educación, el transporte y la cultura.
Al abordar la producción cultural, Poell, Nieborg y Duffy (2021) describen la plataformización como
un proceso que reorganiza la infraestructura cnica, los modelos de negocio y la gobernanza de las industrias
creativas, desplazando parte del poder de decisión hacia empresas tecnológicas situadas fuera del campo
cultural propiamente dicho. En términos operativos, el fenómeno designa la reorganización de actividades
sociales, económicas y culturales alrededor de plataformas digitales que median relaciones, recopilan datos,
clasifican contenidos y establecen reglas de circulación.
En el campo cultural, este cambio modifica la propia noción de público. Couldry y Mejias (2019)
denominan este proceso colonialismo de datos: la apropiación sistemática de la vida social como materia
prima para la extracción de valor. Ver, marcar «me gusta», comentar, compartir y guardar contenidos se
convierten en datos comercializables. Bajo esta lógica, la audiencia deja de tratarse únicamente como un
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conjunto de espectadores o consumidores y se transforma en perfiles, retención, participación y
segmentación.
Los informes recientes de la UNESCO refuerzan la necesidad de situar este proceso en el debate sobre
diversidad cultural. El informe Re|Shaping Policies for Creativity 2026 señala que la transformación digital
amplió herramientas, mercados y audiencias, pero también intensificó las desigualdades, precarizó los
ingresos y aumentó los riesgos de propiedad intelectual para los creadores (UNESCO, 2026). El documento
llama la atención sobre la concentración en pocas plataformas de streaming y sobre sistemas de curaduría
poco transparentes, capaces de marginar a creadores menos conocidos.
La inteligencia artificial generativa añade nuevas capas a este escenario. Las herramientas capaces de
producir textos, imágenes, sonidos, videos y guiones amplían los recursos de creación y pueden contribuir a
la preservación, la accesibilidad, la traducción y la documentación cultural. Sin embargo, también provocan
conflictos sobre autoría, remuneración, uso de obras en bases de entrenamiento, sustitución del trabajo
creativo, estandarización estética y proliferación de contenidos sintéticos. El informe de la UNESCO sobre
inteligencia artificial y cultura, publicado en 2025 en el contexto de MONDIACULT, sitúa la IA como un
tema de gobernanza cultural, derechos de creación y diversidad (UNESCO, 2025a).
Por lo tanto, las plataformas no deben comprenderse como espacios neutrales de circulación. Actúan
como infraestructuras culturales privadas que median el acceso, la memoria y los ingresos. Para la producción
cultural brasileña, esto plantea el problema de la soberanía cultural en clave contemporánea: ¿cómo garantizar
la diversidad, una remuneración justa, la presencia de lenguas, territorios y repertorios diversos, la
preservación de acervos y la protección de los creadores en entornos controlados por empresas
transnacionales?
7. Consumos mediáticos y circulación cultural en línea
García Canclini (2008) observó que lectores, espectadores e internautas convergen en públicos híbridos,
combinando prácticas de lectura, visualidad y navegación antes distribuidas entre soportes diferentes. Los
datos oficiales brasileños permiten dimensionar empíricamente esta convergencia. En la encuesta TIC
Domicilios 2024, entre los usuarios de Internet en Brasil, el 77 % declaró ver videos, programas, películas o
series en línea; el 76 % escuchar música; el 55 % leer periódicos, revistas o noticias; el 46 % seguir
transmisiones en vivo; el 38 % jugar por Internet; el 34 % escuchar podcasts; y el 14 % visitar exposiciones
o museos por Internet (NIC.br, 2024), como sintetiza la Figura 1.
Estos datos no sustituyen el análisis cualitativo de las mediaciones culturales, pero muestran una
distribución desigual entre las actividades. La proximidad entre el consumo de videos, programas, películas
o series (77 %) y de música (76 %) revela el predominio de los lenguajes audiovisuales y sonoros. La lectura
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de noticias (55 %) y las transmisiones en vivo (46 %) ocupan una franja intermedia, mientras los juegos (38
%) y los podcasts (34 %) indican circuitos ya consolidados, aunque menos extendidos. Las visitas virtuales
a exposiciones o museos (14 %) se sitúan 63 puntos porcentuales por debajo del consumo de videos, lo que
evidencia que la conectividad y la oferta digital no garantizan por mismas un acceso diversificado a los
repertorios culturales. Esta distribución ayuda a comprender por qué las políticas culturales orientadas al
entorno digital deben distinguir entre acceso a Internet, disfrute cultural, descubribilidad, preservación de
acervos y formación de públicos.
Figura 1 - Actividades multimedia realizadas por usuarios de Internet en Brasil (2024)
Fuente: elaboración de los autores con base en NIC.br (2024), indicador C7 de la encuesta TIC Domicilios 2024.
Estas transformaciones teóricas y empíricas pueden sintetizarse en cinco dimensiones analíticas. La
Tabla 2 organiza los desplazamientos entre la lógica de los medios de comunicación de masas y la lógica de
las plataformas digitales en la producción y circulación de la cultura.
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Tabla 2 - Desplazamientos de la producción cultural en entornos mediáticos y digitales
Dimensión
Medios de masas
Plataformas digitales
Difusión
Programación lineal, parrilla editorial y dependencia de
emisoras, periódicos, radio y televisión.
Circulación continua,
segmentada y algorítmica,
orientada por retención y
recomendación.
Visibilidad
Cobertura periodística, presencia en emisoras,
reconocimiento institucional y patrocinio.
Métricas, participación,
descubribilidad, reglas de
plataforma y publicidad
segmentada.
Valor
Audiencia, prestigio, patrocinio, venta de productos y
legitimidad editorial.
Datos, atención, suscripción,
monetización, viralización y
captura de interacciones.
Riesgo
Concentración de la propiedad, estandarización de
formatos y silenciamiento de prácticas locales.
Opacidad algorítmica,
precarización, dependencia
tecnológica y extracción de
datos.
Política pública
Democratización de la comunicación, fomento y
ampliación del acceso a equipamientos culturales.
Gobernanza digital, derechos
de autor, datos públicos,
diversidad y alfabetización
mediática.
Fuente: elaboración de los autores con base en la literatura discutida en el artículo.
8. Identidad, territorio y cultura mediática: el ejemplo gaucho
La relación entre medios y producción cultural puede observarse de manera situada en el caso de la identidad
gaucha. Santos (1996) enseña que el territorio no es un dato físico neutral, sino un conjunto indisociable de
sistemas de objetos y sistemas de acciones, en permanente reconfiguración histórica. Esta perspectiva permite
tratar el territorio de Rio Grande do Sul no como un escenario fijo, sino como una construcción configurada
por flujos de comunicación y producción cultural.
La construcción del imaginario gaucho articula literatura, música, radio, televisión, fiestas, centros
tradicionalistas, turismo, indumentaria, gastronomía, memoria regional y políticas de valorización simbólica.
Esta identidad no debe tratarse como un dato natural, sino como una elaboración histórica marcada por la
selección de referencias, silenciamientos, conflictos y procesos de institucionalización. La teoría de la
invención de las tradiciones, propuesta por Hobsbawm y Ranger (1984), ofrece una clave para comprender
cómo algunas prácticas se presentan como antiguas, continuas y representativas de un grupo, aunque sean
reorganizadas en momentos históricos específicos.
En el caso gaucho, los medios regionales ayudaron a estabilizar imágenes, narrativas y personajes
asociados con la pampa, la figura del gaucho rural, la Semana Farroupilha, la música nativista y los rituales
de pertenencia. Los programas televisivos, las transmisiones radiofónicas, los periódicos y los eventos
públicos contribuyeron a ampliar la circulación de estos repertorios. Por una parte, esta mediación puede
valorar prácticas culturales, ampliar públicos, crear reconocimiento y fortalecer vínculos territoriales. Por
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otra, puede producir imágenes homogéneas que reducen la diversidad interna de la cultura regional e
invisibilizan a mujeres, poblaciones negras e indígenas, comunidades fronterizas, grupos urbanos y
periféricos y otras experiencias que también componen el territorio.
La identidad gaucha ejemplifica cómo la producción cultural se convierte en recurso simbólico y
económico. Eventos, festivales, productos turísticos, marcas territoriales, espectáculos, artesanías, música,
gastronomía y producción audiovisual movilizan signos de pertenencia. La cultura regional comienza a
circular en cadenas de valor que involucran medios, mercado, memoria y políticas públicas. El desafío
consiste en evitar que la valorización identitaria se convierta en una estandarización folclorizante,
manteniendo espacio para el conflicto, la diversidad y la actualización de las prácticas culturales.
En el entorno digital, estos repertorios dejan de depender exclusivamente de la programación regional
y pasan a circular en plataformas de video y audio y en redes sociales, donde las recomendaciones
automatizadas, las métricas de interacción, las etiquetas y los formatos breves condicionan su descubribilidad
(Van Dijck et al., 2018; Poell et al., 2021). Esta circulación puede ampliar los públicos de la música, los
festivales, la gastronomía y las imágenes territoriales, pero tiende a favorecer signos fácilmente reconocibles
y repetibles, reforzando representaciones selectivas de la identidad gaucha. Como el presente estudio no
realizó un rastreo de perfiles, contenidos o catálogos de streaming, esta relación se formula como hipótesis
interpretativa y agenda de investigación para futuros mapeos de plataformas, agentes y públicos.
El ejemplo permite ampliar la reflexión hacia otras territorialidades brasileñas. Como observa Santos
(2000), la globalización contemporánea produce simultáneamente unificación técnica y fragmentación de las
vivencias, de modo que la misma infraestructura comunicacional que homogeneiza repertorios también puede
apoyar reafirmaciones identitarias locales, siempre que existan condiciones políticas y materiales. Las
culturas amazónicas, afrobrasileñas, indígenas, sertanejas, ribereñas, fronterizas, periféricas y urbanas
enfrentan disputas semejantes. Los medios pueden ampliar repertorios y crear reconocimiento; también
pueden exotizar, simplificar o someter las expresiones locales a patrones externos de consumo.
9. Políticas públicas, regulación y sostenibilidad de la producción cultural
La relación entre medios y producción cultural no puede abordarse únicamente en el plano de la creación
individual. Requiere políticas públicas capaces de articular fomento, regulación, formación, memoria y
circulación. En Brasil, los avances recientes en el Sistema Nacional de Cultura, la Ley Paulo Gustavo, la
Política Nacional Aldir Blanc y el Marco Regulatorio del Fomento a la Cultura reposicionan la discusión
sobre sostenibilidad cultural. El Sistema Nacional de Cultura, reglamentado por la Ley n.º 14.835/2024,
organiza la gestión cultural en régimen de colaboración entre los entes federados y la sociedad civil,
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reforzando la idea de la política cultural como acción continua del Estado (Brasil, 2024a; Ministerio de
Cultura, 2026).
La Ley Paulo Gustavo, aprobada en 2022, respondió a un contexto de emergencia y crisis del sector
cultural después de la pandemia de COVID-19, con fuerte presencia del audiovisual y de acciones culturales
descentralizadas (Brasil, 2022a). La Política Nacional Aldir Blanc instituuna política continuada de
fomento, basada en transferencias regulares de la Unión a los estados, el Distrito Federal y los municipios
(Brasil, 2022b). Estas experiencias ampliaron la capilaridad de la financiación cultural y evidenciaron el
papel de los municipios en la ejecución de políticas culturales. También expusieron desafíos: capacidad
técnica desigual, dificultades de rendición de cuentas, barreras digitales, fragilidad de los consejos y
necesidad de formación permanente de los agentes culturales.
El Marco Regulatorio del Fomento a la Cultura, instituido por la Ley n.º 14.903/2024 (Brasil, 2024b),
responde a parte de estos desafíos al crear instrumentos jurídicos propios para el área cultural. Su relevancia
radica en reconocer que la cultura posee modos de producción diferentes de las obras públicas, las compras
administrativas o la prestación ordinaria de servicios. Premios, becas, términos de ejecución cultural y otros
instrumentos permiten una mayor adecuación entre la norma jurídica y la práctica cultural. Este ajuste puede
reducir barreras burocráticas cuando está acompañado de transparencia, control social y orientación técnica
a los proponentes.
La actualización de las políticas de fomento debe dialogar con la dimensión mediática. Producir
cultura hoy implica disputar la circulación digital, registrar acervos, proteger derechos de autor, relacionarse
con plataformas, crear estrategias de comunicación y comprender métricas. Las políticas de fomento que
ignoran estas dimensiones tienden a financiar la producción sin garantizar condiciones de acceso para los
públicos. Por esta razón, las convocatorias y los programas pueden incluir acciones de formación en
comunicación, preservación digital, accesibilidad, gestión de derechos, distribución, curaduría, datos
culturales y alfabetización mediática.
Otro punto se refiere a la regulación de las plataformas. La concentración de visibilidad en empresas
transnacionales crea dependencias que no se resuelven solamente mediante el fomento local. Es necesario
discutir la transparencia algorítmica, la remuneración de los creadores, la protección de datos, la lucha contra
la desinformación, la preservación de archivos digitales y la promoción de la diversidad cultural. La
UNESCO (2026) advierte sobre los riesgos de la curaduría no transparente y sobre la baja capacidad de los
países para producir estadísticas de consumo cultural digital. Sin datos públicos, la política cultural
permanece dependiente de informaciones controladas por plataformas privadas.
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10. Hacia una agenda de investigación e intervención pública
El análisis realizado señala una agenda de investigación e intervención pública en cinco direcciones. La
primera implica mapear los circuitos reales de circulación de la producción cultural brasileña, considerando
televisión, radio, plataformas, convocatorias, festivales, redes sociales, espacios comunitarios e instituciones
culturales. Todavía existen pocos estudios integrados capaces de acompañar la trayectoria de un producto
cultural desde su creación hasta su circulación digital, territorial y económica.
La segunda dirección se refiere a la producción de datos culturales. Los indicadores sobre consumo,
circulación, trabajo, remuneración, diversidad y acceso digital son indispensables para diseñar políticas. La
ausencia de datos favorece decisiones basadas en percepciones, presiones políticas o visibilidad mediática.
La producción de estadísticas públicas debe incluir recortes territoriales, raciales, generacionales, de género,
discapacidad y área de actuación, evitando que la política cultural reproduzca invisibilidades históricas.
La tercera dirección se refiere a la formación. Bévort y Belloni (2009) sostienen que la educación
mediática, entendida como formación de competencias críticas para producir, interpretar y evaluar contenidos
mediáticos, constituye una condición necesaria para que sujetos y colectivos ejerzan autonomía frente a los
medios de comunicación y las plataformas digitales. Los agentes culturales necesitan apoyo en gestión,
comunicación, derechos de autor, accesibilidad, producción ejecutiva, rendición de cuentas y preservación
digital. Esta formación no debe imponer modelos empresariales homogéneos, sino ofrecer instrumentos para
que los diferentes grupos circulen con autonomía y seguridad.
La cuarta dirección comprende regulación y derechos. Las plataformas y los sistemas de inteligencia
artificial reorganizan la cultura a partir de datos, recomendaciones y contenidos sintéticos. La defensa de la
diversidad cultural debe dialogar con la protección de los derechos de autor, la transparencia en el
entrenamiento de modelos, la remuneración de los creadores, la lucha contra los deepfakes, la preservación
de acervos y la garantía de acceso. El debate sobre IA y cultura debe comenzar con preguntas sobre quién
crea, quién recibe remuneración, quién controla los datos y qué repertorios son reconocidos como
conocimiento.
La quinta dirección es territorial. La producción cultural brasileña no puede pensarse únicamente
desde los grandes centros urbanos. Los municipios pequeños, las regiones fronterizas, los territorios rurales,
las comunidades quilombolas, los pueblos indígenas, las periferias y las ciudades intermedias necesitan
políticas de circulación, memoria y comunicación. La descentralización del fomento solo tendrá efectos
duraderos cuando esté acompañada de infraestructura, conectividad, formación y espacios de exhibición. La
diversidad cultural depende de condiciones materiales para existir públicamente.
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11. Consideraciones finales
La relación entre medios y producción cultural en Brasil constituye un campo de tensiones permanentes. Los
medios amplían la circulación, crean repertorios compartidos y posibilitan el reconocimiento público, pero
también jerarquizan las visibilidades, estandarizan formatos y someten las prácticas culturales a criterios de
mercado. Las plataformas digitales intensifican esta ambivalencia: ofrecen acceso a públicos ampliados y
herramientas de creación, al mismo tiempo que concentran datos, monetización, curaduría y poder de
recomendación.
La trayectoria analizada muestra que la producción cultural no puede comprenderse sin atender a las
mediaciones que la hacen visible. El paso de la industria cultural a la plataformización no elimina la crítica
de la mercantilización; la desplaza hacia nuevos entornos técnicos y económicos. Los algoritmos, las
métricas, la inteligencia artificial, el streaming y las redes sociales reorganizan la disputa por públicos,
ingresos y memoria. En este contexto, las prácticas locales y populares pueden adquirir nuevas posibilidades
de circulación, pero continúan enfrentando desigualdades de infraestructura, reconocimiento y acceso a
recursos.
La contribución específica del artículo reside en la integración de estas matrices en cinco movimientos
analíticos, en la comparación entre medios de comunicación de masas y plataformas y en el uso de la
identidad gaucha como clave situada para observar disputas de visibilidad, territorio y política cultural. El
estado del conocimiento indica que el tema exige una articulación entre comunicación, cultura, políticas
públicas y economía política. La contribución de la Escuela de Frankfurt mantiene su pertinencia para pensar
la estandarización; los estudios culturales británicos y latinoamericanos ayudan a comprender la codificación,
las mediaciones, las hibridaciones y las apropiaciones; la teoría de los campos permite analizar disputas entre
capitales y posiciones; la reflexión sobre el espacio y el territorio sitúa la producción cultural en geografías
concretas; y los estudios de plataformas y de inteligencia artificial actualizan el debate sobre concentración,
datos, curaduría y derechos. Ninguna de estas matrices, de manera aislada, explica la complejidad del
fenómeno.
Las políticas culturales brasileñas recientes, especialmente el Sistema Nacional de Cultura, la Ley
Paulo Gustavo, la Política Nacional Aldir Blanc y el Marco Regulatorio del Fomento a la Cultura, ofrecen
caminos para ampliar la capacidad pública de fomento y descentralización. Sin embargo, la democratización
de la producción cultural exige avanzar también en la comunicación: visibilidad, distribución, alfabetización
mediática, preservación digital, datos públicos, regulación de plataformas y protección de los creadores.
Fomentar la creación sin enfrentar las condiciones de circulación significa dejar una parte decisiva del
proceso cultural bajo el dominio de agentes privados.
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Se concluye que la producción cultural brasileña debe entenderse como derecho, trabajo, memoria y
disputa simbólica. Su sostenibilidad depende de políticas de fomento, regulación democrática, formación
continua y reconocimiento de las territorialidades que producen cultura cotidianamente. Ante la expansión
de las plataformas y la inteligencia artificial, el desafío no consiste en rechazar la técnica, sino en disputar
sus usos, reglas y efectos, para que la cultura continúe siendo un espacio de creación, diversidad y vida
pública.
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